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Se cumplen 90 años del arribo de Don Orione a Chile

  • Foto del escritor: donorionechile
    donorionechile
  • hace 4 días
  • 2 Min. de lectura
Imagen hecha con IA, representando el viaje en avión hacia Chile
Imagen hecha con IA, representando el viaje en avión hacia Chile

Un 30 de enero de 1936, mientras los Andes se alzaban imponentes bajo sus pies, San Luis Orione cruzaba la Cordillera en avión y llegaba por primera vez a Chile. No era solo un viaje: era el inicio de una historia que uniría para siempre a nuestro país con el carisma de la Divina Providencia. Desde las alturas, Don Orione contemplaba montañas, lagos y fronteras… sin saber aún que, al tocar tierra en Santiago, estaba sembrando una obra que daría fruto por generaciones.


El Fundador llegó a Chile a bordo de un avión de Panagra, aterrizando en el antiguo aeropuerto de Cerrillos, tras sobrevolar la Cordillera a más de 5.000 metros de altura. El vuelo, que duró poco más de una hora, lo dejó profundamente impresionado. En una carta dirigida a su “brazo derecho”, el padre Giuseppe Sterpi, describe la experiencia con asombro y gratitud, relatando el paso entre el Cristo Redentor y la cumbre del Aconcagua, así como el intenso azul del Lago de los Incas, todo vivido con espíritu confiado y un sencillo: “¡Deo gratias!”


Fiel a su estilo, Don Orione no tardó en transformar la hazaña en motivo de sonrisa. En una carta a la bienhechora italiana doña Queirolo, compartió el relato del vuelo con su característico humor, soñando con un futuro donde los Hijos de la Divina Providencia —y también las hermanas— viajaran siempre en avión para “ganar tiempo y trabajar más”. Incluso imaginaba paseos aéreos para los viejitos y viejitas de sus obras, adelantándose, con ternura y audacia, a tiempos que entonces parecían impensados.


Don Orione permaneció ocho días en Chile, desde el jueves 30 de enero hasta el jueves 6 de febrero de 1936. Durante su estadía, el lunes tomó el tren hacia Valparaíso, y luego se trasladó a Quintero, donde conoció la casa frente al mar que doña Mercedes Saavedra, generosa bienhechora, le ofrecía para sostener y proyectar las obras de la Providencia en nuestro país. Lo acompañaba el padre Román, director espiritual de doña Mercedes y testigo de aquellos primeros pasos.


Hoy, a 90 años de aquel primer arribo, recordamos a Don Orione cruzando los cielos con la misma fe con la que cruzó fronteras humanas y espirituales. Su paso por Chile fue breve en días, pero inmenso en significado: una visita sembrada desde lo alto, confiada a la Providencia y abierta al futuro.


¡Ave María y adelante!


 
 
 

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