San José, el patrono a quien Don Orione confió la Congregación
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- hace 5 días
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Cada 19 de marzo, la Iglesia celebra a San José, el hombre justo, silencioso y fiel que tuvo la misión de cuidar a la Sagrada Familia. Patrono de los trabajadores y modelo de vida entregada, San José ocupa un lugar especial en la espiritualidad cristiana.
Para la familia de San Luis Orione, esta fiesta tiene un significado aún más profundo.
Don Orione no solo fomentó una gran devoción a San José, sino que dio un paso decisivo: le confió la Congregación. En un gesto lleno de fe, le “entregó las llaves”, reconociéndolo como patrono y custodio de la Pequeña Obra de la Divina Providencia.
Este acto no fue simbólico solamente. Expresaba una certeza profunda: que San José, así como cuidó de Jesús y María, seguiría cuidando también de la obra naciente, especialmente en los momentos de dificultad.
En los inicios, en momentos en que no teníamos pan, fue San José quien vino a nuestro encuentro. Estábamos en gran necesidad de dinero: momentos muy duros, y nos encomendábamos mucho a San José, que es invocado como administrador, mejor aún, como proveedor de las casas, así como fue proveedor de la Sagrada Familia, relata el Padre Flavio Peloso
La tradición orionista está marcada por numerosos signos de esta confianza. Uno de los más conocidos es el del pan colgado en la imagen de San José, que recuerda la Providencia vivida en tiempos de necesidad. Pero más allá de los signos visibles, permanece una convicción que atraviesa generaciones: San José sigue proveyendo.
Su figura inspira un estilo de vida concreto: trabajo silencioso, fidelidad en lo cotidiano, paciencia en las pruebas y una confianza total en Dios.
Hoy, al celebrar su fiesta, la familia orionista renueva esta entrega. Vuelve a poner en manos de San José sus obras, sus comunidades y su misión.
Porque en él reconocemos no solo a un patrono, sino a un padre que cuida, acompaña y sostiene.
Oración a San José
“A ti, oh bienaventurado José, acudimos en nuestra tribulación, y confiados invocamos tu protección, junto con la de tu santísima Esposa.
Por aquel sagrado vínculo de caridad que te unió a la Inmaculada Virgen Madre de Dios, y por el amor paterno que tuviste al niño Jesús, mira y socorre nuestras necesidades.
Protege, oh providente custodio de la divina Familia, al pueblo cristiano, y aparta de nosotros la peste de errores y vicios que corrompen el mundo.
Asístenos favorablemente desde el cielo en esta lucha contra el poder de las tinieblas, oh nuestro poderosísimo protector; y así como en otro tiempo salvaste de la muerte la vida amenazada del niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las insidias enemigas y de toda adversidad.
Y protege a cada uno de nosotros con tu benevolencia, para que, con tu ejemplo y tu ayuda, podamos vivir virtuosamente, morir piadosamente y alcanzar la eterna bienaventuranza en el cielo.
Amén

¡Viva San José!