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Mensaje del Papa Francisco en esta Navidad

Aunque ha sido un año difícil, lleno de incertidumbres, dolores y dificultades, la Navidad nos hace abrir el corazón a la esperanza.


El Papa Francisco nos recuerda en la bendición Urbi et Orbi de este 25 de diciembre que Jesús nace para cada uno de nosotros sin excluir a nadie. Jesús viene al mundo y nos comunica la buena nueva del amor paternal de Dios, transformándonos a todos nosotros en hermanos y hermanas, independientemente de nuestras diferencias.


El Papa retoma lo planteado en su última encíclica Fratelli Tutti indicándonos la necesidad de una auténtica fraternidad, la cual, en medio de la diversidad, debe buscar la unidad en el amor al otro que es nuestro hermano, relación que se extiende a cada pueblo y nación.


En cuanto al tiempo en que vivimos, especialmente a la pandemia que aún nos afecta, el mensaje es a derribar las fronteras del individualismo, el capitalismo y la indiferencia, y hace un llamado a los responsables a promover la cooperación y no la competencia para que la esperanza que surge en torno a la salud llegue a todos, especialmente a los más vulnerables.

Francisco nos recuerda lo que ya Don Orione nos recordó tantas veces en su vida: “en el más desvalido de los hombres brilla el rostro de Dios”. Esto nos hace sentir aún más el deseo de unidad y paz que tantas veces se ven afectadas por los conflictos de la guerra, la violencia, el terrorismo, la corrupción y el narcotráfico. Pide además que el nacimiento de Jesús nos ayude a superar las tensiones sociales en nuestro país.


Finalmente nos recuerda que la Navidad es tiempo de alegría y de esperanza, nos hace reconocer que el mal no tiene la última palabra. La Navidad es también una oportunidad para redescubrir la familia como un primer lugar donde vivir la fe, y sentir ese amor acogedor, fraternal y abierto al perdón que es fuente de paz para todos los hombres.



En este día tan especial nos unimos a la distancia como familia orionista para rezar por la paz, la fraternidad y la esperanza a la que nos invita el Santo Padre, anhelando que el mundo encuentre a los pies del niño Jesús que duerme en un pobre pesebre el camino para superar todas las adversidades que nos rodean.