Centro Esperanza de Rancagua instaló placa testimonial por sus 25 años de existencia
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Era justo y necesario que al terminar el presente año, el programa “Centro Esperanza de Rancagua” celebrara en una emotiva ceremonia sus 25 años de trabajo a niños, niñas y adolescentes que habiendo vivido (sufrido) situaciones de maltrato y/o vulneración grave necesitan intervención terapéutica especializada.
Con la presencia del obispo de Rancagua, Monseñor Guillermo Vera, del superior delegado de la Obra Don Orione en Chile, Padre Teófilo Pérez Calvo y diversas autoridades se ha realizado dicho evento para agradecer a Dios por esta desafiante historia de esfuerzo y compromiso, al mismo tiempo, compartir experiencias del trabajo realizado gran entrega y profesionalismo. Un permanente desafío social, jurídico y terapéutico, como también un testimonio de Iglesia en prevenir y/o proteger la niñez y adolescencia de toda situación de maltrato o vulneración.
Un momento para recordar con cariño y gratitud a Padre Antonio Casarín, fundador de Centro Esperanza, e instalando una placa testimonial por estos 25 años de continuo trabajo, siendo bendecida por nuestro obispo de Rancagua.
Palabras de la directora de Centro Esperanza
“Centro Esperanza” nace el año 2000, fundado por el Padre Antonio Casarín Manzán, q.e.d.p., siendo el primer programa de reparación en maltrato grave que se ejecutó a nivel nacional, dependiente de “Fundación Betzaida”, y en alianza técnica con el servicio nacional de menores, hasta el año 2013. Desde el año 2014 nuestra congregación asume la responsabilidad técnica, de gestión y funcionamiento, visualizando su compromiso con la infancia vulnerada.
Han sido 25 años acogiendo a más de mil niños, niñas y familias para ser atendidos en una proceso terapéutico de reparación, viviendo desafíos y aprendizajes de dichos procesos. Sus historias y particularidades, sus familias y entornos, sus formas de ver la vida y afrontar la misma, y cuando hay un dolor que aflige el corazón, es donde hemos puesto el énfasis de nuestras atenciones, con amor y respeto, con humanidad y profesionalidad.
Como actual directora siento un tremendo orgullo de ser parte de esta gran obra, de aportar a la recuperabilidad emocional de niños, niñas y sus familias, sus cambios e impactos que nuestra labor provoca en ellos, contemplar sus rostros, de cuando llegan por primera vez, a cuando se van, escuchar y sentir un abrazo y palabras de agradecimiento, las que sin duda, reconfortan el alma y nos fortalecen para seguir en este camino.
Agradecemos profundamente a nuestra Congregación, por la confianza en nuestro trabajo, por entregarnos este espacio para recibir a cada niño, niña y sus familias, despojar miedos, dolores e inseguridades, y hacer de éste, un espacio, una casa para avanzar por un camino de esperanza y amor.
Como Iglesia, como “Centro Esperanza” mantendremos las puertas de nuestra casa siempre abiertas para quien lo requiera y necesite…. Según el espíritu de San Luis Orione: “aquí no se preguntará su nombre, solo si tiene un dolor” …dolor que hemos y será acogido, con mucho amor y respeto…
Jessica Rubilar
Directora
Programa “Centro Esperanza”

























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