"Jesús, Jesús...voy" - Los 80 años de la pascua de San Luis Orione

 

2 de marzo 1940 – 12 de marzo 2020, ya pasaron ya ochenta años que nuestro padre fundador, Don Orione celebró su pascua eterna, ofreciendo en un grito sublime, su último aliento a Jesús. Al recordar este momento muy importante de la historia de la Pequeña Obra, muchas preguntas pueden surgir de nuestras mentes curiosas. Pero todas podrían resumirse en esta: ¿cómo pasó Don Orione, los últimos días de su vida?

 

Tres años después de su segundo viaje a las Américas (1937) y precisamente a principio de febrero 1940, muchos de los cercanos a Don Orione contaban que ya se le notaba el cansancio inexorable debido no solamente a la edad, sino también a su delicada salud y a una vida totalmente sacrificada por la causa de Dios, de los pobres y de la Pequeña Obra naciente. Sin embargo Don Orione no dejaba, ni quería que se le notara este cansancio. Lo disimulaba con su paterna bondad y su grandiosa serenidad. Ofrecía generosamente su tiempo “acogiendo a todos, escuchando a todos, pasando de un tema a un otro, de una persona a una otra con un interés, cada vez renovado”.

 

Pero, a pesar de todo aquello, sufrió en la noche del 9 de febrero 1940, un violento ataque de angina al pecho, del cual se salvó providencialmente. Por eso quienes lo cuidaban, decidieron en conjunto con los médicos llevarlo de la casa madre de Tortona a San Remo, una ciudad costera del noroeste de Italia, pensando que el aire del mar le haría bien y que allí podía descansar. Inicialmente, Don Orione rechazó esta propuesta, tal vez, porque sospechaba que había llegado al final… pero finalmente se dejó convencer. El 8 de marzo se dedicó principalmente a despedirse religiosamente de sus seminaristas, de las religiosas y de varias otras personas.

 

Llegado a San Remo por tren el 9 de febrero, acompañado por el clérigo Modesto Schiro, Don Orione no solo se contentó de escribir aproximadamente 60 cartas, sino también recibió muchas visitas, contestó muchas llamadas telefónicas y dedicó mucho tiempo a la oración, buscando dejar todo en orden. Durante la jornada del fatídico 12 de marzo, Don Orione siguió con sus actividades como de costumbre. Alrededor de las 21h30, el clérigo-enfermero Modesto vino a su pieza desearle la buena noche. Sin embargo un poco más tarde, el mismo entiende un sollozo desde la habitación de Don Orione y acudiendo apresuradamente, ve a Don Orione transpirando. Está respirando difícilmente, quejándose también de un dolor cardíaco.

 

Parece que este corazón que había recorrido miles de kilómetros sembrando el evangelio de la caridad, no aguantaba más. Entre una inyección y el oxígeno que le suministran, el héroe del amor después de su largo periplo termina entregando su último suspiro, entre las manos de Jesús que él había buscado toda su vida. Y susurrando sereno: “¡Jesús, Jesús, voy!” cerró eternamente los ojos. Eran las 22h45.

 

El Propósito de esta pequeña crónica de los últimos días de Don Orione, más que conmemorar su pascua eterna, es invitar a todos los que somos miembros de su familia carismática, a seguir aportando nuestra colaboración a la edificación de la pequeña obra, con la confianza y la esperanza de que lo más importante es el futuro. Tenemos un proyecto que se ha de continuar, pero siempre con la mirada completamente hundida en Cristo; en la Providencia que todo lo puede a pesar de nuestras fragilidades y de las diversas contingencias contemporáneas.

Ave-María y Adelante.


Viva Cristo Rey – Viva Don Orione

P. Gabriel K. S. SAMA

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